Ni la muerte puede romper los lazos de parentesco
Al nacer, el ser humano se encuentra rodeado y protegido por sus parientes más cercanos: sus padres, naturales o adoptivos, sus hermanos, hermanastros, tíos, primos, sobrinos, abuelos, paternos o maternos, etc.
A la muerte de los padres, el parentesco no se pierde por este motivo, ya que siguen siendo tíos, primos, etc., con quien el individuo, hombre o mujer, continúa conviviendo o socializando.
La responsabilidad de cuidar a los menores integrantes del núcleo familiar, recae en los adultos, ya sean estos parientes cercanos o lejanos.
En todas las generaciones de la Humanidad, se ha dado la circunstancia de que todos solidariamente nos damos la mano, exista o no, parentesco de por medio. El objetivo ha sido siempre la conservación de la especie humana. Esto ha sido un criterio de la mayoría, sin embargo, han existido personas con una forma de pensar distinta, asesina, que han exterminado a millones de seres humanos, como por ejemplo, Adolf Hitler, Napoleón Bonaparte, por mencionar algunos que la Historia Universal tiene registrados, los motivos han sido variados, conquistas, guerras, lucha por el control del narcotráfico, etc.
Existen civilizaciones muy antiguas, como los chinos, griegos, egipcios, hindúes, aztecas, mayas, españoles, italianos, franceses, africanos, brasileños, etc., que han dejado vestigios de su existencia milenaria.
El solo hecho de pertenecer a cierta civilización, se considera una especie de parentesco, ya que unos a otros se apoyan, principalmente los provenientes de los mismos países de origen natal.
El color también es una especie de línea de parentesco, por ejemplo, los negros se dicen hermanos, aunque provengan de diferentes naciones y residan en un país diferente al de su nacimiento.
El hecho de existir en el mismo Planeta Tierra y ser hijos de la Madre Naturaleza, nos convierte automáticamente en hermanos.
Esto debe ser motivo suficiente para velar por la conservación de la especie, por su seguridad, por la paz mundial, bajo un marco de respeto por la vida humana, por sus derechos, etc.
Al respecto, es sano recordar lo que dijo el Benemérito de las Américas Don Benito Juárez: "Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".
Si toda la Humanidad tomara muy en cuenta esta máxima y el hecho de considerarnos hermanos, lograríamos vivir en sana paz, luchando por erradicar el hambre y la pobreza extrema, solidariamente, sin ambiciones mezquinas, con un Gobierno honesto, leal, respetuoso, útil a la población, entregado al servicio de la ciudadanía, sirviéndole a sus paisanos y no abusando ni explotando a sus hermanos.
¿Qué hacía la gente cuando no existía el papel moneda, el dinero o el trueque? Todos colaboraban en las tareas diarias para la subsistencia comunitaria, por ejemplo, entre todos cazaban un animal y todos comían, unos se dedicaban a la pesca, la cual compartían con los demás. No existía la necesidad de intercambio o trueque, ni compra-venta de servicios o productos. No había siquiera autoridades, todos luchaban codo con codo, para construir sus viviendas.
Desafortunadamente para la Humanidad, comenzó el "progreso", el trueque, las monedas, el billete, los pagarés, los cheques, el dinero electrónico, etc. Con ello la ambición, el poder adquisitivo, etc.
En conclusión, el dinero posee muchas interrogantes, pues en un momento poseerlo es positivo y en otro, es dañino. Puede también servir para corromper y esta última es la más lamentable. ¡Cuidado con el dinero! (Por eso dice el dicho popular que conocemos "Dinero mata carita").
Las múltiples formas que el dinero ha adoptado, desde la prehistoria hasta el presente, nunca se han dejado de tomar en cuenta, pues el hombre ha demostrado siempre una capacidad de razonar para emplear los más diversos instrumentos en la realización de una misma tarea.
Igual que hoy, para escribir, podemos usar desde el más sencillo lápiz hasta el más sofisticado procesador de palabras, lo mismo ocurre en el ámbito de la economía. Para la adquisición y venta de objetos o servicios, seguiremos utilizando un instrumento de cambio que es el dinero.
Así pues, procuremos que ni el dinero ni nada ni nadie rompa los lazos de parentesco que priva entre nosotros los seres pertenecientes al reino animal racional, para continuar en la lucha contra la pobreza extrema, contra el hambre, siendo solidarios unos con otros, hasta lograr la paz mundial.

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